Me senté en una duna a observar los esfuerzos de aquel ente, aquella ilusión visible sin serlo, revolviéndose furiosa en el impertérrito oleaje. Pensé fugazmente en ayudarlo, pero el pensamiento se fue tan pronto como había venido: algo me dijo que el sueño se rebelaría a cualquier ayuda exterior.
Cuando salió del aprieto marino, se acercó y se sentó a mi lado. Durante un rato, observamos en silencio la prolongada agonía del sol. Me preguntó que por qué no le había ayudado. Busqué en él a mis propios sueños escapados. Pero en su lugar me encontré a mi mismo.

Foto: Playa de las Mimosas, Málaga. 15 Marzo 2006 [Wala]