23 junio 2006

Sastre de la Guerra

Acostumbrado a las presidencias quasi-vitalicias, durante las cuales los abusos a los derechos humanos y a los recursos naturales eran (y son) repartidos de forma tranquila en mandatos de 20, 30 ó más años, el continente africano (y la comunidad internacional) fueron sorprendidos cuando un presidente fue capaz de llevar a cabo una acción destructora, casi depredadora, en su país y en los vecinos, en un período aparentemente corto de años. Concretamente, seis: de 1997 a 2003.

La biografía de Charles Taylor, ex presidente de Liberia, es cuanto menos increíble, en el sentido literal de la palabra. Taylor comenzó su extensa actividad política en Estados Unidos, cuando era un estudiante de Economía en ese país. Liberia, un país creado en el el siglo XIX en la costa occidental africana bajo auspicio de la potencia americana, fue la primera república negra independiente de África, un siglo antes de que lo consiguieran los países colonizados por las potencias europeas. Formada por antiguos esclavos libertos del sur de EEUU (que dieron nombre al país), no tardaría, a pesar de una historia diferente a la de sus vecinos, en convertirse en un estado africano más, aprisionado como tantos otros por autócratas y sátrapas durante muchos años.

Tras el golpe de estado, en 1980, de Samuel Doe, un mediocre (como la mayoría de dictadores) militar que asumió la jefatura de estado con 28 años, Taylor, que había vuelto a Liberia, pasó a formar parte de la administración del estado bajo el cargo de viceministro de Comercio. En tres años, le dio tiempo a robar lo suficiente antes de ser acusado de ello, y huyó precipitadamente hacia Estados Unidos. Un año después, las autoridades de este país le detenían, tras realizar el gobierno de Doe una demanda de extradición. Pero, oh misterio, un preso de semejante relevancia fue capaz de escaparse de su prisión estadounidense al más puro estilo peliculero: serrando barrotes y descolgándose con una sábana junto con otros presos políticos. Poco después, todos ellos eran detenidos excepto... ¿adivináis quién? Oh misterio, acertásteis.

Taylor consiguió llegar de nuevo a África, donde fue entrenado como combatiente guerrillero en Libia, y se trasladó a la frontera entre Liberia y Costa de Marfil, esperando su oportunidad. En los últimos días de 1989, Taylor entró en Liberia atacando un puesto fronterizo. Desde ese momento, y hasta que accedió a la presidencia siete años después, fue ganando poder político y, sobre todo, militar. Su guerrilla, el Frente Nacional Patriótico de Liberia (NPFL, típico nombre de guerrilla y/o partido político africano, cambiando el país en cuestión), se convirtió en la más importante (y temida) del país, a pesar de las deserciones que sufrió. Una de estas deserciones, la del segundo de Taylor, Prince Johnson, impidió a aquél alcanzar el poder en su primer intento, ya que fue Johnson el que desalojó a Doe del poder (capturándolo y torturándolo hasta su muerte) y se proclamó presidente de la república.

Taylor se refugió en el norte del país y, amparado por la protección de los tupidos bosques tropicales, y a base de carecer de miramientos a la hora de reclutar efectivos militares (las fotos de niños y adolescentes de su guerrilla enfundando fusiles por las calles de Monrovia dieron la vuelta al mundo), se convirtió en el hombre más poderoso y rico del país (desde su privilegiado escondite controlaba el tráfico del oro, los diamantes y la madera con Sierra Leona y Costa de Marfil). Se ganó a pulso el título con el que ya siempre se le conocería. Un título siniestro, pero muy real: Señor de la Guerra. Las accines militares de su guerrilla se intensificaron, y nadie sabe a ciencia cierta cuántos muertos causaron a la indefensa población civil, sólo por el hecho de pertenecer a la tribu equivocada.

Triste ironía del destino, Taylor usó sus muertos como propaganda política en su campaña a las elecciones a la presidencia, que se celebraron en 1997 tras seis años de guerra civil y unos 200.000 muertos. Aunque parezca increíble, Taylor fue elegido presidente de Liberia con el 75% de los votos, tras haber usado en su campaña eslóganes como "Mejor el diablo que conoces que el ángel que no conoces", o el célebre y penoso "Él mató a mi mamá, él mató a mi papá, pero voy a votarle de todas maneras".

Una vez alcanzado el poder, nada se interpuso en su camino para no sólo tener el control férreo del país, sino para influir en la situación geopolítica de los países vecinos. Amparándose como siempre en su religiosidad (cuánto daño ha hecho la religión en manos de los tiranos, y de los no tan tiranos), Taylor traficó con diamantes sierraleonenses para poder proporcionar armas a la guerrilla de dicho país, rebelada en armas contra el gobierno de turno (por cierto, democrático). De nuevo, causante de unas horribles y famosas imágenes que apenas causaron reacción en el acomodado mundo occidental: la de los mutilados de la guerra de Sierra Leona, donde la guerrilla (dirigida por un antiguo amiguete de Taylor y compañero de entrenamiento en Libia) imponía su ley en el país a machetazo limpio. Unos 300.000 muertos (en Irak, de donde nos llegan noticias todos los días porque interesa, los muertos no llegan a la décima parte en un espacio de tiempo similar). La situación se volvió en su contra, y cuando apenas había salido de la anterior, Liberia comenzó a vivir una nueva guerra civil, que terminó en 2003 con su huida del país (trufada con un desafiante "Volveré") y posterior refugio bajo la protección del dictador nigeriano Obasanjo, encantado de tener a un señor tan simpático y agradable viviendo en su suelo.

Al final Nigeria, presionada por la ONU, accedió a extraditar a Taylor para que éste fuera sometido a juicio por crímenes de guerra en el Tribunal de Justicia especial para Sierra Leona. Asustado por la que se le podía venir encima, el escurridizo Señor de la Guerra intentó escabullirse y refugiarse en Camerún, pero fue detenido hace apenas tres meses, el 29 de marzo de este año. Finalmente, el pasado martes 21 de junio fue trasladado desde Freetown, capital de Sierra Leona, a La Haya. Taylor va a ser el segundo ex jefe de estado en ser juzgado por el Tribunal Penal Internacional de La Haya, tras Milosevic, con el que tiene interesantes paralelismos, como detallaba el gran corresponsal de guerra Ramón Lobo el pasado miércoles: Como Slobodan Milosevic, el ex presidente de Liberia Charles Taylor logró destruir su país en poco tiempo, extender la guerra a sus vecinos y convertirse en un problema para todos. Taylor se enfrenta a 11 cargos de crímenes de guerra y contra la humanidad, como mutilaciones, violaciones, uso de menores para la guerra, asesinatos múltiples, rapto, pillaje, esclavismo y castigos colectivos de civiles. Vamos, cualquiera se va con él de birras.

Esperemos que el angelito Taylor no muera, como Milosevic, antes de cumplir su condena. En todo caso parece que, al final, el Señor de la Guerra nunca "volverá". Buen día para la humanidad.

Fuentes:
Fundació CIDOB
El País (21 de Junio de 2006)
Wikipedia

19 junio 2006

Pequeños desconocidos

¿Cuántos secretos guardas tú?

Todos los tenemos, sin excepción. Pequeños o grandes, buenos y malos. Peligrosos. Dolorosos. Felices. Incluso increíbles.

Alguna vez he pensado en los míos, recientemente, desde que descubrí Postsecret. El blog que se ha llevado los más importantes premios internacionales en esta categoría de páginas web, a veces llamada (erróneamente, creo) "diarios de bitácora". Una idea tan simple como crear una plataforma donde compartir nuestros más secretos secretos. No esos que sólo un amigo sabe. Los tuyos, sólo tuyos. Piénsalo, parece que no pero seguro que más de uno tienes.

Es una pequeña morada de nuestras cosas inconfesables. Algo más que nos hace únicos, y que nos da más valor. Aunque nadie más lo sepa.

14 junio 2006

Bucle

Se incorporó bruscamente, empapado en sudor, ojeroso. Aterrorizado. Había tenido ese sueño antes. Corría perseguido por sí mismo. Ninguno de los dos alcanzaba su destino. ¿Quien perseguía a quién, a qué? La sabana se extendía delante de él, y de él. Esqueléticas acacias actuában como testigos inmutables, dueñas únicas del desierto. Nubes de polvo les cegaban a medida que se acercaban a su objetivo, que no alcanzarían si seguían corriendo, aunque nunca pararon a pensarlo.

Había tenido ese sueño antes. Desde que comprendió que los acontecimientos le perseguían a él, y no al revés. Desde que ellos guardaban la ilusión, no su mente. Nada fue igual desde entonces; él entró en su vida, por su culpa. Sólo él mismo había sido el causante de convertirse en un espejo de lo que nunca quiso ser, un conformista de sueños (sus sueños) incumplidos. En definitiva, el causante de que él le arruinara la vida cuando admitió la existencia del abandono.

Se incorporó súbitamente, sudoroso. Había tenido ese sueño antes. Soñaba que se incorporaba bruscamente, empapado en sudor, ojeroso.

Aterrorizado.


Foto [Gutenberg]

09 junio 2006

Nytt möte

Y volver a revivir lo inrevivible, las compañías nunca del todo abandonadas, las risas que no dejaron de escucharse, los viajes que siguieron viajando en forma de otros portadores de los mismos sueños, las fotografías animadas de las experiencias irrepetibles pero no inimitables. Hoy, regreso al dulce pasado. Välkomna!

02 junio 2006

Mañana antes de ayer

Otra vez la prisa. Corre. Grita. Suda tu ilusión. Ya te estás volviendo frío, de tanto sedentarismo. Ni el sol calienta una espera desesperada. Un truco más, quizá, o no. No quieres esperar nada de quien nada te ha dado, claro. Ni siquiera le conoces, pero con eso es suficiente, tú ya sabes. No me la van a colar, porque yo quiero llevar el rumbo, ser dueño de mi elección, regatear a los horarios. Eso dices. Una y otra vez, un día tras otro, en un nuevo mes que ya lleva retraso de un día, y no toca cambiar el reloj todavía. El reloj es el que te oprime, realmente. El que te persigue en tus segundos de insomnio con el eco de sus segundos en la silenciosa habitación. El segundero, o tus latidos. Nunca ganaron ellos la partida. No lloras tu melancolía, ni siquiera cuando quieres. Ni eso puedes decidir. No te gusta este papel de calco que mancha tus días. Miras, perdido, los discursos vacíos que no te convencen. Has vivido demasiado poco para saber que eso lo sabes. Tu intuición no te falla.

Excepto hoy.

01 junio 2006

Títulos de descrédito

A veces me pregunto por qué me gustan tanto (en general) las películas que retratan las pequeñas cosas de la gente común, historias que sentimos cercanas, en las que la gente odia o ama, transmite los sentimientos que sentimos tan próximos aunque ocurran en lugares lejanos y dispares como Corea, Sudáfrica o México.

Me fascina la magia que produce una buena película, cuando dejamos nuestros cansados cuerpos en la butaca y nos metemos en la historia que unos minutos antes era desconocida y ahora es nuestra. Caminamos por las imágenes con pies de pluma, pisando los paisajes, llorando con las penas sin llorar, sintiendo una familiaridad canalla con aquellos a los que nunca conoceremos. Riendo las diminutas cotidianidades, como reímos siempre lo que conocemos al comprobar que, en el fondo, hacemos todos las mismas cosas.

Envidio no a Superman, ni al general héroe de las pelis norteamericanas, ni siquiera al Sam de Casablanca. Sólo quisiera gritar el guión de una pelea, tener anécdotas increíbles, caer y subir de nuevo sólo con la fuerza que tiene el creer en uno mismo.

A veces quisiera haber tenido otra vida, haber pensado tantas cosas antes. Pero eso, de momento, no lo enseñan en el cine.

26 mayo 2006

Pasajero Sr. Sueño

Hoy vi cuatro olas hacer un cuadro. Todavía asombrado, enterré mis pies en lo que creía arena pero no era otra cosa que barro, barro marino. Largas líneas de espuma se enredaban en besos imposibles. Un sueño guerrero chapoteaba en las anchas lenguas de mar engañadas por el sol vespertino.

Me senté en una duna a observar los esfuerzos de aquel ente, aquella ilusión visible sin serlo, revolviéndose furiosa en el impertérrito oleaje. Pensé fugazmente en ayudarlo, pero el pensamiento se fue tan pronto como había venido: algo me dijo que el sueño se rebelaría a cualquier ayuda exterior.

Cuando salió del aprieto marino, se acercó y se sentó a mi lado. Durante un rato, observamos en silencio la prolongada agonía del sol. Me preguntó que por qué no le había ayudado. Busqué en él a mis propios sueños escapados. Pero en su lugar me encontré a mi mismo.


Foto: Playa de las Mimosas, Málaga. 15 Marzo 2006 [Wala]

20 mayo 2006

Vuelo con destino impar

Tiempo de viajar, de historia vital, de experiencias en el asfalto extranjero. Tiempo de dar de sí, hablar desde dentro, abrir los sentidos y sentir la prevalencia del tacto sin prestarle atención (esta vez). Tiempo de dejar a los perros en la calle y entrar libre de cargas en la oficina, de excitante incertidumbre en las ventanas desconocidas.

Tiempo de recordar y hacer saber lo que muchos dudan: que a veces las historias nacen desde fuera.

19 mayo 2006

Luchar con la palabra

"Confieso que he vivido", de Pablo Neruda

La vida de muchas personas está determinada por una fenomenal combinación de oportunidad y talento. Desde niños o jóvenes, son ellos su propia historia fantástica, algo que tarde o temprano les llevará al éxito o a las portadas o a las bocas de la gente.

Pablo Neruda, poeta chileno, dedicó su vida a escribir y hacer de su escritura una herramienta de lucha política, como cuenta en su estupendo libro de memorias, Confieso que he vivido. Pronto se definió comunista, y a pesar de las decepciones que se pudo llevar al ver el giro erróneo que esta doctrina tomaba en manos de algunos dirigentes mundiales, nunca abandonó sus ideales a favor de los más desfavorecidos, que le idolatraban tanto en su país natal como en muchos lugares del resto del mundo. Murió comunista, apenas dos semanas después del golpe de estado de Pinochet, en su casa de Isla Negra, seguramente muy apenado de ver que el triunfo largamente esperado del pueblo una vez más era interrumpido por la violencia.

Neruda fue cónsul de su país desde muy joven, apenas pasados los veinte años, en lugares tan exóticos como Ceilán (hoy Sri Lanka) y Rangoon, la capital de Birmania. Cerca de ese país, en Camboya, y muchos años más tarde, el líder comunista Pol Pot realizaría una de las mayores "limpiezas étnicas" (que término más horrible) ocurridas en el sudeste asiático. Hoy nadie puede imaginar que a un chaval de veinte años se le confíe una delegación diplomática (seguramente le pedirán de 5 a 10 años de experiencia, jaja, además de dos carreras), pero en aquellos tiempos estos episodios románticos eran incluso comunes.

Viajar por el mundo le sirvió a Neruda para ser testigo de cambios políticos, culturas exóticas, opresión y guerra. Estuvo en la guerra civil española, marchándose antes de que fuera demasiado tarde. Desde París apoyó la emigración de españoles a Chile y Argentina. Pocos años más tarde, él mismo habría de exiliarse en este último país, cuando uno de los dictadores chilenos puso precio a su cabeza.

Entre tanta aventura, Neruda publicaba increíbles poemas que viajaban por las manos del mundo. La poesía le dio más fuerza que a algunos las armas, por eso era temido. En los países más diversos leían sus libros. Su activismo hizo que su escritura creciese (y viviese) aún más en el universo de tantas gentes y pueblos. Los últimos años de su vida los dedicó a servir al legítimo gobierno de Salvador Allende, hasta que éste fue derrocado por la muerte vestida de militar. Me cuesta creer que la gente muera de pena, pero en el caso de Pablo Neruda me parece tan poético como real.

17 mayo 2006

Mirar sin mirar

Reflexionaba en su vieja obsesión con los absolutismos. Los de siempre, los históricos, y también aquellas características de su extraño universo personal que él metía dentro de esa categoría. Creía firmemente que no podría alcanzar nunca el éxito: nada lo hacía distinguirse de los demás como lo hacían los triunfadores, los que dejaban una estela tras de sí.

El tiempo seguía pasando mientras vivía encerrado en su estrecha cápsula inaccesible. Pensaba en las veces que había mirado la espalda de una mujer, esperando poder mirarle los ojos. Pero ninguna le había dado ese privilegio, esa pequeña concesión que no movería más que su ingrato mundo de ilusiones sin salida.

Miraba el suelo mientras caminaba, ajeno al ruido exterior. Notó una presencia en la distancia. Cruzó la mirada al pasar al lado de la belleza femenina. Una vez más, se giró para mirarla y esperar una segunda oportunidad en sus ojos. Pero sintió miedo y volvió a mirar al frente, y nunca volvió a verla para preguntarle qué había hecho.

13 mayo 2006

Historia andante

Los veo caminar incansablemente, con la mirada al frente y a los lados, cargados de bártulos de todo tipo. Durante horas, pasean sus cuerpos atléticos cubiertos hasta los pies, erguidos y dignos. Detrás de las maletas con gafas y relojes, de los brazos cubiertos por pareos de mil colores, está la historia que no conocemos. Es la historia de un expatriado, de una aventura suicida para conseguir un sueño inalcanzable en nuestro saturado mundo desarrollado.

Es la imagen de lo que hicimos de África, una jugosa tarta llena de frutos fantásticos repartida al tun-tún entre unos cuantos que no tenían frutos, pero sí armas para recolectarlos. La imagen de lo que les enseñamos los europeos: la dictadura de la razón única, el mandato de los tiranos, doctrina que ellos aprendieron bien y perpetúan todavía en muchos países. Es la representación, en arrugas y pies, del tiralíneas con el que se trazaron las fronteras de sus países, dividiendo etnias y pueblos al servicio de sus majestades, los colonizadores. El mismo tiralíneas que usan ellos ahora para dibujar la línea más corta hacia nuestra costa, sobre la que plasmarán las penurias de un viaje dramático. Huyen de los países que los necesitan para progresar, para sacudirse el lastre de los sátrapas de cosecha propia, herederos de los sátrapas extranjeros, pero muchas veces incluso más crueles.

Caminan la playa, arriba y abajo, en busca de un sueño negado de antemano. Pero ellos no lo sabían.



Foto tomada en Punta Paloma, Cádiz. Septiembre 2005 [Wala]

Manifiesto (III) en boca de sabio

Lo dijo uno que sabía escribir:

Yo quiero vivir en un mundo sin excomulgados. No excomulgaré a nadie (...). Quiero vivir en un mundo en que los seres sean solamente humanos, sin más titulos que ese, sin darse en la cabeza con una regla, con una palabra, con una etiqueta. Quiero que se pueda entrar a todas las iglesias, a todas las imprentas. Quiero que no esperen a nadie nunca más en la puerta de la alcaldía para detenerlo y expulsarlo (...). Quiero que la gran mayoría, la única mayoría, todos, puedan hablar, leer, escuchar, florecer. No entendí nunca la lucha sino para que ésta termine. No entendí nunca el rigor, sino para que el rigor no exista. He tomado un camino porque creo que ese camino nos lleva a la amabilidad duradera. Lucho por esa bondad ubicua, extensa, inexhaustible (...).

Extraído del libro Confieso que he vivido, de Pablo Neruda (1904-1973)
Nota: el comentario sobre las alcaldías no es aplicable a las de la Costa del Sol.

Entornada, pero abierta

Ayer me di cuenta de todo. O casi. De que hasta que yo no cierre mi puerta ellos no habrán cerrado la suya, claro. Cómo no me pude percatar antes. Esto explica tantas cosas, tantas miradas cansadas, tanta aprensión escondida en una jaula invisible, tanta frustración obligada, pero que sólo los mejores ejercen hasta el final.

Fue pisando la arena mojada de la playa cuando puse mis dudas a tender. Una paradoja, allá a la orilla del mar fue donde la marejada se apagó momentáneamente. También allí, sin embargo, encontré el germen de la desazón que me atacaría al anochecer, con las tórtolas acostadas y los grillos desaparecidos. La semilla que agarró, y me rodeó con su fatiga de siglos. Me pregunto si me siento mejor ahora que lo descubrí. Quizá, algo. Pero no suficiente.


Foto: Pies Mojados [Ewa Kulak]

10 mayo 2006

La historia de siempre

Con sólo 38 años, Idriss Déby alcanzó su máxima ambición. Atrás quedaban los años de incertidumbre, de intriga, de exilio. Al fin podía hacer uso de las valiosas enseñanzas adquiridas apenas cinco años antes en la Escuela de Guerra de París, un lugar que no perdió tiempo en esconderse bajo ningún eufemismo. ¿Cuál mejor para recibir la formación que necesitaba para sus propósitos? Al fin y al cabo, esta Escuela había exportado su idea exitosa a otras partes del globo: en los años 60 desembarcó en Argentina sin ánimo de esconderse bajo seudónimo alguno. Se creó la Escuela de Guerra de Buenos Aires, donde sus afamados profesores, veteranos militares franceses de la Guerra de Argelia, enseñaron a los militares argentinos el arte de la tortura.

Pero eso es otra historia. El joven coronel Déby regresó a su país con la lección bien aprendida y en una posición de privilegio para acometer sus buenas y democráticas intenciones. El 1990, derrocaba a su jefe, el Presidente Habré, y se proclamaba jefe de Estado de Chad, asegurando a la población la pronta instauración de una democracia en el país, que tenía ya en el contador unas cuantas dictaduras militares desde su independencia en 1960. El antiguo poder colonial, Francia, bendijo el golpe de estado igual que había bendecido los anteriores. Mientras, la población observaba el proceso con lógicas dudas, preguntándose si el cambio político sería al fin en su beneficio. Pero no lo fue.

Unos meses más tarde de su triunfo militar,
Déby se proclamó presidente de la República. Pobre hombre, ¡mira que haber prometido democracia! Menos mal que la memoria es flaca y que se olvidó de sus promesas, no fuera a ser que no se pudiera enriquecer a costa del pueblo. Bueno, en el improbable caso de que hubiera decidido trabajar por sus conciudadanos, ya tenía allí a un millar de militares franceses para recordarle que se dejara de pamplinas, mejor hacerse rico dando concesiones de los recursos naturales de Chad a Francia a precios asequibles. El pueblo ya saldría adelante, hombre, que ya son mayorcitos. Pero para que no sospechen, le dijeron: celebra elecciones de vez en cuando. Nosotros te dejamos al Sr. Grand D'Esnon, realizador de las campañas electorales de Chirac, para que te ayude a hacer las tuyas y, por el mismo precio, a amañar las elecciones.


Hoy hace una semana que se celebraron elecciones en Chad. Todos los partidos en la oposición, unos 20, formaron una coalición para boicotear las elecciones, seguros de que estaban arregladas de antemano para la victoria de Déby (la tercera, tras 16 años en el poder). El día de las elecciones, los aviones de la armada francesa
sobrevolaron las columnas rebeldes que intentan derrocar a Déby (¿vendrá un nuevo dictador, o un demócrata?) para darle información militar a su protegido presidente. No hubo sorpresas: sin oposición concurriendo a la cita electoral, Déby se proclamó presidente para un nuevo quinquenio. Parece que sobre este señor no pesan las 25 mil muertes a opositores de las que se le acusa, ni el empobrecimiento de un país que ocupa el undécimo puesto por la cola en la lista de desarrollo de la ONU (entre 192 países), pero del que salen 200 mil barriles de petróleo al día hacia Occidente. El Banco Mundial, desde el descubrimiento de sus yacimientos petrolíferos, ha presionado al gobierno de Chad para que invierta gran parte de sus ingresos en la población, pero Amnistía Internacional denuncia que uno de los superproyectos de infraestructuras del Banco, la construcción de un oleoducto de más de 1000 km hasta Camerún, puede contribuir a la violación de los derechos humanos de las poblaciones y trabajadores afectados por el proyecto.



Las esperanzas de la población son pocas, como explica un
artículo sobre los países petroleros africanos: Chad's infant oil industry is effectively a joint venture among the oil companies, the government, and the World Bank. Boiled down, their mission statement is to extract oil profitably, to share the proceeds in a transparent and equitable way, to protect the environment, and to spend most of the government's share on reducing poverty. The big question is whether this original formula can transform one of the continent's classic basket cases into a functioning state, providing its nearly ten million citizens—whose annual per capita income is about $1,600—with a decent future after decades of civil war, injustice, and upheaval. But pending the achievement of this ambition, gratitude is simply not on the agenda in the villages we visit. Distrust and unsatisfied expectations certainly are.

Déby, asustado tras varios intentos de golpe de estado, gasta el dinero del petróleo en armamento. El Banco Mundial cancela los proyectos de desarrollo en el país, ante tal afrenta. Dura ya mucho el sueño del viejo coronel Idriss Déby.


Fuentes y enlaces a las mismas: subrayadas en texto
Fotos:
[1] Wikipedia
[2] National Geographic

09 mayo 2006

Enigmas sin sonido

Presiono con mis dedos el espejo de una frustración escondida. Nosotros mismos somos los culpables de la pérdida de identidad de nuestros secretos, entidades fantasmagóricas para los demás, requiebros a la apariencia para nosotros. Pero raras veces lo hacemos. Al menos no todos, siempre queda algo intransigible, una pequeña parcela en la que encerramos cosas de las que nos avergonzamos, aventuras incontables, espectros de cuando éramos otros, ideas contrarias a lo que somos, casas vulnerables con habitaciones inconfesables.

05 mayo 2006

Manifiesto (II)

Mis ojos te ven, aunque sea imposible.

[Picasso]

04 mayo 2006

Billete de largo recorrido

Un viaje inacabado es lo que somos, y algunos incluso queremos ser. Una intrépida aventura a todo lo que queda por conocer. Un periplo sin rumbo previo, un vuelo de cóndor por paisajes invisibles llenos de color, una odisea por los rincones inexplorados de la belleza perdida.

No renunciemos al éxodo, aunque no nos movamos de nuestro sillón. Sentémonos en la borda del crucero que lleva nuestros sueños. Miremos el horizonte mientras planeamos cuáles de ellos queremos cumplir.

Iniciemos la expedición a los territorios que no nos pertenecen. Hagamos valer nuestro derecho sobre todas las cosas del mundo y ninguna. Recorramos el planeta de la imaginación de igual a igual con todos sus pobladores.

Agarren la maleta y llénenla, pero dejen fuera los demonios.

30 abril 2006

Escalar cuando haya montaña

Me sentí en medio de la ola, captando con los ojos las imágenes de un presente tentador, ofreciente de miradas infinitas y cuerpos moldeados. Vestido con ropajes futuros, o presentes, me pregunté en esas horas de zozobra cuándo volvería a bailar con la risa del demonio, sobre el fuego de la calle, oliendo el perfume de la locura.

Por fortuna, todavía estoy y me siento en el lado fresco de la balanza, aunque a veces me engañe la traicionera realidad e incluso mi propio pasado (excepto cálidos episodios en medio del frío) de mansedad incompatible con la propia naturaleza chalada de la inocencia. Yo mismo me debato en esa batalla que creo todavía no perdida, pero sin saber cuándo podré participar en la lucha, porque la guerra es una sucesión continua de escaramuzas.

Mientras llega el momento, que quede abierta la puerta.

29 abril 2006

Raíles oxidados

Risas de altavoz desafinado suenan en el umbral de la estación. Retumban en las paredes, en los bancos, en las sucias baldosas que ya no reflejan la opulencia de los tiempos pasados. El vagabundo, única presencia en la penumbrosa estancia, perfila una de las muecas de su reducido catálogo de discrepancias con la vida, mohíno cuadro decolorido de un presente que no recuerda. Se prepara ya para la rutina que, de tanto escuchar, le pertenece. Al detenerse la estruendosa maquinaria, un revisor más resignado que sus pasos entra en la sala y anuncia: viajeros al tren. Camina hasta la que fue monumental puerta y afirma: viajeros al tren. Inseguro fuera del vagón de sus miserias, emprende el regreso. Al llegar a la altura del vagabundo, se detiene una vez más y escupe: viajeros al tren.

No recuerda que el tren hace años que dejó de parar, en la vieja estación.

Natural

Desconfío de la falta de autenticidad, de la falsedad interpretativa, de lo que no sea natural cuando lo puede ser, sin pretensiones. Hay momentos, continuamente, en que la gente sufre una transformación para adaptarse con comodidad, sin perder la sonrisa, impunemente incluso, a situaciones alejadas de su pensamiento y de su forma de actuar. Eso no es flexibilidad ni adaptabilidad al cambio, cualidades estas positivas y necesarias, sino una pérdida de personalidad, una renuncia a tus creencias, una pobre actuación.

Mi paciencia se rebela ante los que critican a los que ayer reían y ante aquellos que loan a los que ayer ridiculizaban. Ahí, en ese punto, se acaba mi diplomacia. Es el momento de abandonar elegantemente la escena, si se logra no caer en la tentación de reir o llorar frente a semejante actitud ilógica y poco divertida.

Cuando lo pienso me pregunto si es una reacción a mi incapacidad de detener y protestar ante tonterías de ese calibre. Admiro, como una parte de la belleza de las cosas, la naturalidad y la claridad de ideas. Yo no puedo ser quien no soy (aunque sí puedo no tener las ideas claras), ni quiero pretender ponerme una máscara carnavalesca para actuar frente a un público del que no me interesa su aplauso.

Además, la naturalidad está directamente ligada al mejor solucionador de problemas del mundo mundial: el humor.