Héctor Abad Faciolince, "El olvido que seremos"
Utopías del Hombre Muro
Pensamientos, literatura, ironía y viajes interplanetarios
13 enero 2012
Que no se acabe la cultura
Sin decirme una sola palabra, sin obligarme a leer y sin echarme el sermón de lo sana para el espíritu que podía ser la música clásica, yo entendí, solo mirándolo, viendo en él los efectos benéficos de la música y de la lectura, que en la vida todos podíamos recibir un gran regalo, no muy caro y más o menos al alcance de la mano: los libros y los discos. Ese señor oscuro y malhumorado que había llegado de la calle con la cabeza cargada de malas influencias y las tragedias y las injusticias de la realidad, había recuperado su mejor semblante, y la alegría, de la mano de los buenos poetas, de los grandes pensadores y de los grandes músicos.
31 diciembre 2011
Mis libros de 2011
Y pasados los deseos lectores para el 2012, os dejo la lista de los libros leídos en 2011, puntuados, por si alguno os despierta el interés... me he dado cuenta al terminarla de que mis expectativas para 2012 son muy altas, pero bueno, como esto va de utopías... Por cierto, uno de los libros dejados para 2012 se ha colado al final en 2011, "Mundo del fin del mundo", de Luis Sepúlveda.
La lista está por orden alfabético de autor (nombre). Feliz 2012 a todos.
La lista está por orden alfabético de autor (nombre). Feliz 2012 a todos.
Título
|
Autor
|
Puntuación
|
La
hora azul
|
Alonso
Cueto
|
***
|
House
of stone
|
Christina
Lamb
|
***
|
Cuatro
amigos
|
David
Trueba
|
****
|
Saber
perder
|
David
Trueba
|
****
|
The
power of the dog
|
Don
Winslow
|
*****
|
Los
papalagi
|
Erich
Scheurmann
|
**
|
El
país de las mujeres
|
Gioconda
Belli
|
***
|
La
biblioteca de los muertos
|
Glenn
Cooper
|
**
|
El
olvido que seremos
|
Héctor
Abad Faciolince
|
*****
|
Cortafuegos
|
Henning
Mankell
|
***
|
Todos
os nomes
|
José
Saramago
|
***
|
Diario
de un killer sentimental / Yacaré
|
Luis
Sepúlveda
|
***
|
Historia
de una gaviota y el gato que le enseñó a volar
|
Luis
Sepúlveda
|
***
|
Mundo
del fin del mundo
|
Luis
Sepúlveda
|
***
|
El
club de los faltos de cariño
|
Manu
Leguineche
|
***
|
La
rosa de Alejandría
|
Manuel
Vázquez Montalbán
|
***
|
Andamios
|
Mario
Benedetti
|
*****
|
El
sueño del celta
|
Mario
Vargas Llosa
|
*****
|
Los
cachorros / El desafío / Día domingo
|
Mario
Vargas Llosa
|
***
|
Las
voces del desierto
|
Marlo
Morgan
|
***
|
Un
millón de piedras
|
Miquel
Silvestre
|
**
|
Ochenta
y seis cuentos
|
Quim
Monzó
|
*****
|
Plata
quemada
|
Ricardo
Piglia
|
*****
|
The
shadow of the sun
|
Ryszard
Kapuscinski
|
****
|
Fronteras
de arena
|
Susana
Fortes
|
**
|
Vida
e insólitas aventuras del soldado Iván Chonkin
|
Vladímir
Voinóvich
|
***
|
25 diciembre 2011
Cuarenta (más diez) libros para el 2012
Robándole la idea a @Malime_2010, me decidí a hacer una lista de los 50 libros que me gustaría leer en 2012. La verdad es que lo veo difícil de cumplir (supone leer un libro por semana), pero... ¡no imposible!
La cosa es que planificar a este plazo la lectura se me hace muy difícil, y más ahora que he vuelto a ser asiduo de la biblioteca, y que me dejo querer por algún que otro libro que me hace un guiño desde la estantería. Es el caso, por ejemplo, del que estoy leyendo ahora, "El olvido que seremos", de Héctor Abad Faciolince, que es una auténtica delicia.
Así que he decidido hacer, más que un cincuenta, un cuarenta+diez, dejando diez "huecos" para improvisar. Pero vamos, la idea es llenarlos con libros inesperados. Ahí va la lista:
La cosa es que planificar a este plazo la lectura se me hace muy difícil, y más ahora que he vuelto a ser asiduo de la biblioteca, y que me dejo querer por algún que otro libro que me hace un guiño desde la estantería. Es el caso, por ejemplo, del que estoy leyendo ahora, "El olvido que seremos", de Héctor Abad Faciolince, que es una auténtica delicia.
Así que he decidido hacer, más que un cincuenta, un cuarenta+diez, dejando diez "huecos" para improvisar. Pero vamos, la idea es llenarlos con libros inesperados. Ahí va la lista:
Título
|
Autor
|
|
1
|
El
ruido de las cosas al caer
|
Jorge
Gabriel Vásquez
|
2
|
Sophie
Scholl and the white rose
|
Annette
Dumbach
|
3
|
A
Chistmas Carol
|
Charles
Dickens
|
4
|
Savages
|
Don
Winslow
|
5
|
Postwar:
a history of Europe since 1945
|
Tony
Judt
|
6
|
Solar
|
Ian
McEwan
|
7
|
Patas
Arriba: el mundo al revés
|
Eduardo
Galeano
|
8
|
Mundo
del fin del mundo
|
Luis
Sepúlveda
|
9
|
Nils
Holgerssons underbara resa genom Sverige
|
Slema
Lagerlöf
|
10
|
Prosperity
without growth: economics for a finite planet
|
Tim
Jackson
|
11
|
¿Debe
el agua de los ríos llegar al mar?
|
Fernando
Magdaleno
|
12
|
Sobre
la felicidad a ultranza
|
Ugo
Coria
|
13
|
Looking
for history
|
Alma
Guillermoprieto
|
14
|
Los
sueños de Helena
|
Eduardo
Galeano
|
15
|
Decidme
cómo es un árbol
|
Marcos
Ana
|
16
|
Vanished
kingdoms
|
Norman
Davies
|
17
|
Waste
|
Tristram
Stuart
|
18
|
The
story of stuff
|
Ann
Leonard
|
19
|
Che
Guevara: a revolutionary life
|
Jon
Lee Anderson
|
20
|
The
tin roof blowdown
|
James
Lee Burke
|
21
|
Reacciona!
|
VVAA
|
22
|
¡Indignaos!
|
Stéphane
Hessel
|
23
|
The
black dahlia
|
James
Ellroy
|
24
|
Catch-22
|
Joseph
Heller
|
25
|
A
place of my own: architecture of daydreams
|
Michael
Pollan
|
26
|
The
age of absurdity
|
Michael
Folley
|
27
|
It’s
all about the bike
|
Robert
Penn
|
28
|
La
vieja sirena
|
José Luis Sampedro
|
29
|
No
logo
|
Naomi
Klein
|
30
|
Failed
states
|
Noam
Chomski
|
31
|
Walden,
or, life in the woods
|
Henry
D. Thoreau
|
32
|
Nada
será como antes
|
Carlos
Taibo
|
33
|
La
pirámide
|
Henning
Mankell
|
34
|
Huye
rápido, vete lejos
|
Fred
Vargas
|
35
|
Rojo
y negro
|
Stendahl
|
36
|
La
mano izquierda de la oscuridad
|
Ursula
K. Le Guin
|
37
|
Bodas
de sangre
|
Federico
G. Lorca
|
38
|
Hay
alternativas
|
Vicenç
Navarro et al
|
39
|
Inés
y la alegría
|
Almudena
Grandes
|
40
|
La
belleza y el dolor
|
Peter
Englund
|
27 noviembre 2011
Chantaje
El reloj se me aparecía como una bola de cristal que adivinaba el pasado, el círculo que enmarcaba el retrato de sus personajes. Mi madre abriendo la puerta a su regreso del banco, contando uno a uno los billetes, depositándolos en los dedos inmundos de Chacho. Cada billete resbalaba por su piel, luego entraba en un sobre que ella cerraba. La cara bondadosa y firme de mi madre, la voz que me había reconfortado algunas noches, esa cara y esa voz eran las de la mujer que había ido al banco todos los meses y que con esas mismas manos con las que me había abrazado, estaba sosteniendo el sobre delante del cual iba a extenderse la sonrisa de la señora Agurto.
Alonso Cueto, La hora azul
Alonso Cueto, La hora azul
19 septiembre 2011
Andamios
Cuando empezamos a empaquetar las cosas, antes de venir a Suecia e intuyendo que el tema de los kilos podría ser "un tema", seleccioné 5 libros de los pendientes para leer como potenciales "acompañantes" en este viaje.
Cuando empecé a hacer el equipaje, me di cuenta de que lo de llevar 5 libros iba a estar chungo. Y a medida que iba metiendo jerséis, iba sacando libros. Como lo de venir sin ningún libro no me parecía, digamos, bien, al final decidí elegir solo uno.
Escogí "Andamios", de Mario Benedetti.
Mi historia con este libro no es que sea emocionante, ni siquiera curiosa, pero para mi es especial. Recuerdo dos cosas de cuando salió publicado, en el año 1997. La primera es que conocía el nombre de Benedetti, pero no había leído nada de él, y enseguida me llamó la atención el título, que me pareció poético y prometedor. La segunda, que me encantó la portada, que en esa edición, la original de Alfaguara, era un fragmento del cuadro Homo sapiens, del pintor uruguayo Joaquín Torres García.
Un día, hará un par de años, estaba bicheando la estantería de Laura y Enrico, y lo vi. Les pregunté si lo habían leído, a lo que me respondieron con la misma pregunta. Al oír mi negativa, me dijeron: toma, para vosotros. Fue un bonito regalo, con la intermediación indirecta, todo sea dicho, de Carlos y de su tía, ya que este libro salió de esa colecta que hicieron en su biblioteca, y resultó que ya estaba presente en la de ellos.
Así que decidí que qué mejor libro que este para acompañarnos en la colocación de nuestros primeros andamios en Suecia. Además, habla del exilio, que aunque es una palabra grande, con connotaciones duras, no deja de tener un poco, dejémoslo ahí, de relación con nuestro momento actual.
Ayer terminé de leerlo, triste por su final triste, emocionado por su hondura, su intensidad, su planteamiento y su cercanía.
"Andamios" no habla tanto del exilio como del desexilio. Javier Montes, álter ego del propio Benedetti, emprende el regreso a Uruguay tras doce años de exilio en España, a la que viajó huyendo de la dictadura militar que quiso prenderlo. Benedetti narra las impresiones de Javier al regresar a su país, el reflejo de los años negros de la dictadura en sus amigos, casi todos torturados y encerrados durante varios años, en la sociedad, incluso en las calles.
La venganza siempre viene de arriba. Cuando los de abajo queremos vengarnos, nos revientan. Inexorablemente.
Cada episodio es una historia, una relación o un pensamiento, un reencuentro o una decepción. Te sientes dentro del pellejo de Javier desde la primera línea, viviendo como él esa difícil vuelta a la patria, cómo busca su lugar y cómo solo a veces lo encuentra.
Durante muchos años el país estuvo amputado de muchas cosas y yo estuve amputado del país. (...) hay experiencias incanjeables. En las casas de cambio y en los bancos podés cambiar pesetas por pesos y viceversa, pero no podés cambiar frustraciones por nostalgias.
Benedetti logra transmitir su dolor por el exilio y las injusticias y crímenes de la dictadura con una elegancia que no hace sino mostrar la dignidad de los vencidos y la indignidad de los que los machacaron. No cae en ningún momento en números, ni en insultos, ni en humillaciones a los milicos. En su lugar, en boca de Javier, habla de la tristeza por un país dolorido, por los amigos desaparecidos, por aquello que cambió para siempre no por evolución, sino por la fuerza. Pero también de la ilusión por volver a su tierra, a pesar de todo la suya, por sentarse de nuevo en los cafés de Montevideo con sus amigos, por reencontrarse con su madre y disfrutarla tras tantos años alejado (los capítulos con Nieves, la madre de Javier, son estupendos).
Una historia preciosa, escrita con maestría (como solía hacer Benedetti) y que merece ser disfrutada.
Y gracias a la tía de Carlos, a Carlos, a Enrico y a Laura, por hacérnoslo llegar (aunque los dos primeros no lo sepan).
PS. Reproduzco un párrafo de uno de los capítulos, que me parece que explica muy bien lo que está pasando en cierta autonomía del centro de la Península con el tema educativo... y que puede que se extienda a otras (esperemos que no):
Aquí los jerarcas no se forran con los fondos del Erario público; aquí, defienden desde el Estado las privatizaciones, y no bien las consiguen, se pasan en un santiamén, con armas y bagajes, a la economía privada.El sistema es sencillo. Por ejemplo, quitémosle fondos a la Universidad de la República, y cuando ésta empiece a ahogarse, y los estudiantes, los funcionarios y los docentes se larguen a la calle, señalemos entonces qué ineficaz se ha vuelto la enseñanza pública, aun la superior, y destaquemos una vez más que la solución es la Universidad privada, donde no se producen huelgas y hasta hay una cierta facilidad para titularse, y además, esto es muy importante, como en la privada los estudiantes deben pagar, ello también sirve para eliminar de un zarpazo a los que vienen de abajo.
Cuando empecé a hacer el equipaje, me di cuenta de que lo de llevar 5 libros iba a estar chungo. Y a medida que iba metiendo jerséis, iba sacando libros. Como lo de venir sin ningún libro no me parecía, digamos, bien, al final decidí elegir solo uno.
Escogí "Andamios", de Mario Benedetti.
Mi historia con este libro no es que sea emocionante, ni siquiera curiosa, pero para mi es especial. Recuerdo dos cosas de cuando salió publicado, en el año 1997. La primera es que conocía el nombre de Benedetti, pero no había leído nada de él, y enseguida me llamó la atención el título, que me pareció poético y prometedor. La segunda, que me encantó la portada, que en esa edición, la original de Alfaguara, era un fragmento del cuadro Homo sapiens, del pintor uruguayo Joaquín Torres García.
Un día, hará un par de años, estaba bicheando la estantería de Laura y Enrico, y lo vi. Les pregunté si lo habían leído, a lo que me respondieron con la misma pregunta. Al oír mi negativa, me dijeron: toma, para vosotros. Fue un bonito regalo, con la intermediación indirecta, todo sea dicho, de Carlos y de su tía, ya que este libro salió de esa colecta que hicieron en su biblioteca, y resultó que ya estaba presente en la de ellos.
Así que decidí que qué mejor libro que este para acompañarnos en la colocación de nuestros primeros andamios en Suecia. Además, habla del exilio, que aunque es una palabra grande, con connotaciones duras, no deja de tener un poco, dejémoslo ahí, de relación con nuestro momento actual.
Ayer terminé de leerlo, triste por su final triste, emocionado por su hondura, su intensidad, su planteamiento y su cercanía.
"Andamios" no habla tanto del exilio como del desexilio. Javier Montes, álter ego del propio Benedetti, emprende el regreso a Uruguay tras doce años de exilio en España, a la que viajó huyendo de la dictadura militar que quiso prenderlo. Benedetti narra las impresiones de Javier al regresar a su país, el reflejo de los años negros de la dictadura en sus amigos, casi todos torturados y encerrados durante varios años, en la sociedad, incluso en las calles.
La venganza siempre viene de arriba. Cuando los de abajo queremos vengarnos, nos revientan. Inexorablemente.
Cada episodio es una historia, una relación o un pensamiento, un reencuentro o una decepción. Te sientes dentro del pellejo de Javier desde la primera línea, viviendo como él esa difícil vuelta a la patria, cómo busca su lugar y cómo solo a veces lo encuentra.
Durante muchos años el país estuvo amputado de muchas cosas y yo estuve amputado del país. (...) hay experiencias incanjeables. En las casas de cambio y en los bancos podés cambiar pesetas por pesos y viceversa, pero no podés cambiar frustraciones por nostalgias.
Benedetti logra transmitir su dolor por el exilio y las injusticias y crímenes de la dictadura con una elegancia que no hace sino mostrar la dignidad de los vencidos y la indignidad de los que los machacaron. No cae en ningún momento en números, ni en insultos, ni en humillaciones a los milicos. En su lugar, en boca de Javier, habla de la tristeza por un país dolorido, por los amigos desaparecidos, por aquello que cambió para siempre no por evolución, sino por la fuerza. Pero también de la ilusión por volver a su tierra, a pesar de todo la suya, por sentarse de nuevo en los cafés de Montevideo con sus amigos, por reencontrarse con su madre y disfrutarla tras tantos años alejado (los capítulos con Nieves, la madre de Javier, son estupendos).
Una historia preciosa, escrita con maestría (como solía hacer Benedetti) y que merece ser disfrutada.
Y gracias a la tía de Carlos, a Carlos, a Enrico y a Laura, por hacérnoslo llegar (aunque los dos primeros no lo sepan).
PS. Reproduzco un párrafo de uno de los capítulos, que me parece que explica muy bien lo que está pasando en cierta autonomía del centro de la Península con el tema educativo... y que puede que se extienda a otras (esperemos que no):
Aquí los jerarcas no se forran con los fondos del Erario público; aquí, defienden desde el Estado las privatizaciones, y no bien las consiguen, se pasan en un santiamén, con armas y bagajes, a la economía privada.El sistema es sencillo. Por ejemplo, quitémosle fondos a la Universidad de la República, y cuando ésta empiece a ahogarse, y los estudiantes, los funcionarios y los docentes se larguen a la calle, señalemos entonces qué ineficaz se ha vuelto la enseñanza pública, aun la superior, y destaquemos una vez más que la solución es la Universidad privada, donde no se producen huelgas y hasta hay una cierta facilidad para titularse, y además, esto es muy importante, como en la privada los estudiantes deben pagar, ello también sirve para eliminar de un zarpazo a los que vienen de abajo.
07 mayo 2009
21 febrero 2009
Pequeño aperitivo
Tendría tanto que decir sobre el agradar
sé mucho de eso
creo que demasiado
definitivamente
demasiado
ahora mismo
como en otro instante cualquiera
como todo el día
el muro que siempre intento tirar
no deja pasar las letras
siempre está en mis líneas
esto que relato
es un incordio
una maldita china
que condiciona mi tiempo
y no puedo con ello
me vence
basta ya de mentiras
de falsos deseos de que desaparezca
de inútiles llamamientos a algo desconocido
que haga que esto cambie
no existe ese algo
deja de lamentarte
deja de resignarte
para luego decir que eso no va contigo
que si la lucha y tal y cual
si sabes que va a ser igual
es decir
que no va a ser malo
deja de buscar, pues
a ese ser desconocido
si la pantalla fuera un espejo
lo tendrías delante de ti.

Del "Muro de la vergüenza", entre Israel y Palestina
sé mucho de eso
creo que demasiado
definitivamente
demasiado
ahora mismo
como en otro instante cualquiera
como todo el día
el muro que siempre intento tirar
no deja pasar las letras
siempre está en mis líneas
esto que relato
es un incordio
una maldita china
que condiciona mi tiempo
y no puedo con ello
me vence
basta ya de mentiras
de falsos deseos de que desaparezca
de inútiles llamamientos a algo desconocido
que haga que esto cambie
no existe ese algo
deja de lamentarte
deja de resignarte
para luego decir que eso no va contigo
que si la lucha y tal y cual
si sabes que va a ser igual
es decir
que no va a ser malo
deja de buscar, pues
a ese ser desconocido
si la pantalla fuera un espejo
lo tendrías delante de ti.

Del "Muro de la vergüenza", entre Israel y Palestina
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