09 agosto 2006

Historias del Indalo (1): 13, Rue der Percebe

¡Emancipación! Desde hace ya casi un mes puedo decir que tengo mis propios (bueno, alquilados) 30 m2. En este primer capítulo de la serie del Indalo, voy a intentar demostrar cómo el que se queje porque le parecen escasos está equivocado: 30 metros dan para mucho.

Todo depende del contexto, amigos. Ya me avisaron desde la inmobiliaria (rehúso hacer comentario alguno sobre estas “empresas”, aunque todo se andará) antes de entrar: “Chaval, hay un pequeño inconveniente: No funciona todavía el termo y no hay agua caliente”. Habiéndome gastado las semanas anteriores más pasta en pensiones de mala muerte que el Sr. Roca (el de Marbella, no el de los váteres… un momento, ¿no será el mismo?) en comprar Mirós para su baño (definitivamente… ¡es el mismo!), decidí entrar en el estudio a pesar de las advertencias, para disminuir el agujero negro que tenía en el bolsillo.

Pero claro, siendo el termo de gas, tampoco funcionaba la cocina… Era mi oportunidad, después de tantos años perdidos ahora ya podía comer únicamente comida de microondas y ponerme más gordo que el hermano gordo de M.A., además de la saludable exposición a las ondas cancerígenas de este aparato. Bueno, me dije, con suerte no tardarán mucho en arreglarlo.

No es agradable, ni siquiera en Almería en pleno julio, ducharse con agua fría por la mañana. Al segundo día mentas cierta madre de alguien desconocido. Al tercer día, haces el mismo comentario, un poco más alto y ya referido a los sres. caseros. Cuando, al cuarto día, recuerdas con cariño a las familias completas de los empleados de la empresa del gas, te das cuenta que se te cae menos el pelo. Hasta el pelo está acojonado, que ya ni se cae. Te planteas seriamente la opción de convertirte en un estercolero andante. Dado que vives sólo nadie se va a enterar, y menos hoy en día que los vecinos van a lo suyo. Ah, qué tiempos aquellos en los que los mayores y no tan mayores pero sí marujos sacaban su silla al portal y ponían a pelar a medio barrio. Así empezó Zaplana.

Cuando ya llevaba un par de días duchándome con el casco, finalmente vino la empleada del gas, que decidió que al tratarse de un estudio sin tabiques, por normas de seguridad no se podía poner el gas. Lógico, pensé yo. Un tabique habría evitado mi muerte segura, teniendo en cuenta que el gas habría tardado días, qué digo días, ¡meses! en traspasar la potencial puerta después de atravesar los interminables 25 metros restantes de la casa. La empleada del gas ignoró mi gaseoso humor y me vino a decir: te jodes, chavalote: Hay que poner otro termo y vitrocerámica. Menos mal, le dije al casero, sólo he conseguido engordar 16 kilos en 6 días con la comida de microondas.

Cuando conseguí tener la vitro, descubrí un filón: no funcionaba (claro) pero en cuanto la intentaba encender le quitaba la luz a todo el edificio. Por Tutatis, por unos días me sentí como Bush: dominando al resto del mundo a base de actos estúpidos. Enseguida adelgazaba el peso ganado con la comida basura porque claro, el ascensor del edificio tampoco funcionaba (creo que se me ha olvidado señalar un detalle importante para entender la magnitud de todo ello: el edificio es nuevo. Repito: NUEVO), así que todos los días a bajar y subir tres pisos a pata. Cuando subía con la compra sufría mucho… ¡toda esta grasa empaquetada la quemaré en mi próxima salida a la calle!

Si por algún casual no me sentía todavía en el desierto, el excelentísimo Ayuntamiento de Almería se encarga de solucionar este problema gratuitamente: no hay más que levantar todas las calles del barrio en pleno verano. Oh, qué maravilla, ¡mi casa es un Saloon! Este alcalde es el amo, ya tengo mi propio parque temático. El otro día me encontré a John Wayne ligándose a unas chatis en mi sofá (que ejerce a su vez las funciones de cama, mesa, sillón de lectura, revistero y cesta de la colada). Lo malo es que el hombre estaba un poco, cómo decirlo… tieso.

El calor no lo llevo tan mal como yo pensaba. Para los que nos gustan las cosas bien hechas, qué mejor que una cifra redonda de temperatura: 50 grados (medida en mi sofá). Ya no tengo que tomar té para “abrir los poros”, como dicen los sabios moros: los tengo abiertos todo el día. La sensación de ir todo el día duchado es rara, pero te acostumbras. Lo mejor son los abdominales que hago cuando duermo hasta que cojo la postura. Creo que con tantas que he practicado, ya puedo patentar el “kamasutra solo” (abreviado del “kamasutra del que vive solo”). Además, con este nombre TAN comercial, seguro que me forro.

Hay más cosas positivas. No necesito ponerme el despertador para ir a trabajar. Todos los días, a la misma hora, ocurre un terremoto de unos 9 puntos en la escala de Richter. Vibran las lámparas, los vasos tintinean, y yo me acuerdo de los muertos del melón que sale todos los días a trabajar en un quad. Sí, sí, en un quad, esos vehículos tan respetuosos con el medio, que la gente usa normalmente en el monte (donde siguen dando ganas de patear al conductor). Pero vamos a ver, ¿se puede ser más cimbel? Menos mal que no te pilla con el sueño muy cogido, ya que antes, a las 2 am aproximadamente, te ha despertado el tunero de turno compartiendo generosamente su música con los vecinos (volveré a este tema más adelante); a las 3 am, el camión de la basura; a las 4:20 am, el del vidrio; a las 6:00, el primer autobús (desviado a mi calle por las obras con las que el ayuntamiento intenta convertir la ciudad en un barrio de Port Aventura) y, finalmente, a las 6:45, nuestro querido cerebro, urbanita conductor de quads. Lo bueno de todo es que al despertarme, aprovecho para apuntar la postura en la que me encuentro y la temperatura, que luego los necesitaré cuando publique mi kamasutra de impacto mundial.

Ya me voy conociendo mejor el barrio. Cada vez que cojo el coche (tengo la suerte de no tener que hacerlo apenas, ya que aquí se puede ir andando a casi todos los sitios), tardo una media de 3 días en poder aparcarlo. Así que me da tiempo para observar dónde están las cosas. Si me canso de buscar sitio, me pongo a seguir a un tunero, que con toda probabilidad estará dando vueltas al barrio durante varias horas para que no quede un vecino sin disfrutar de su estupendo reggaetón a 300 debibelios por oreja vecinal. Nunca había visto tanto tunero como aquí. El estereotipo es el de un mendrugo veinteañero, al volante de su seat león negro (casi irreconocible) lleno de luces y aleaciones mega-horteras, con gafas de sol incluso a las 2 de la madrugada y perdonándote la vida con una mirada que hace temblar a las farolas. Uuuu, qué miedo. Sigo sin comprender este fenómeno tan fascinante que combina un gusto más que dudoso, un derroche de dinero (y de gasolina) espectacular y un macarrismo rampante, combinado con la seguridad del protagonista de que es el más guay, cuando en realidad un 80% del barrio recuerda con cariño singular a todos los miembros de su árbol genealógico cuando pasa por debajo de su ventana.

Por cierto, ya he conocido a mi vecina (no se admiten comentarios). El otro día me pidió que fuera a su casa a hacerle unos “arreglos”. Antes de que la mente aviesa del lector relacione esa petición con la de una labor de “limpieza de tuberías”, aclararé que se trataba de una simple colocación de apliques en su baño. Como nadie me creería aunque me pasara el resto de mi existencia aportando pruebas irrefutables, lo dejaré aquí.

Me despido hasta la próxima historia del indalo, voy a quitarle la luz a los vecinos un rato.

7 comentarios:

Anónimo dijo...

no mientas que sigue habiendo marujos/as con silla en acera e incluso en calzada que trabajan tanto en su tienda que se les oye rajar todo el día. Yo lo he visto y por supuesto oido en 1ªpersona. Por cierto con esta publicidad nadie va a querer ir a verte.Quizá necesites de los inestimables servicios de una inmobiliaria para saber cómo venderte, je, je.
Mery.

sandra dijo...

¡como te gusta quejarte! Con ese calor, loq ue mas apetece es una ducha fria, sea la hora del dia que sea (te lo digo por experiencia, que en malaga llegamos a los 35 y me paso el mes duchandome con agua fria y no por falta de gas): Además, piensa que así te levantas mucho más despierto ^_^U Por lo que cuentas, el pisito de soltero, bien, eh? Pero una pregunta final, ¿Hay algún sitio de españa donde no haya obras en este mismo momento? No te ha tocado el gordo, sino que las hay por todas partes (tb lo digo por experiencia).
Ánimo! Un beso
Sandra

Wala dijo...

Ehhh! que no me quejo, sólo relato acontecimientos :-) ¿Cuándo venís de visita? Un beso, loca

volaya dijo...

jur jur...buenisimo post...bienvenido al club. Cuando tengas la vecina que a las siete de la manyana se pone los tacones y no se los quita ni para ducharse, sabras lo que es un suplicio...

Saludos desde la china cochina...

Triqui

Rubiales dijo...

Bua, el triqui es un lloron, con el morbo que da eso...
Hale, Hombre Muro, sacale provecho a tu morada.
Saludos, tambien desde la conchinchina...

Anónimo dijo...

¿quién dijo que quería independencia??? Mejor en casa de los papis, no?
Un besote,

Fátima

Hermana dijo...

Haces bien en no entrar en justificar unos simples apliques de baño: sin haber vivido la experiencia tengo cientos motivos para afirmar, sin temor a equivocarme, que mientes como un bellaco.